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Sala de emergencias

Portada de Sala de emergencias

De todos los lugares que detesto visitar, uno de ellos es la sala de emergencias de un hospital, la atmósfera es triste, volteas a ver los rostros cansados de las personas que esperan sentados por noticias de sus seres queridos y puedes ver la incertidumbre, el miedo.

La primera vez que visité una ya no recuerdo cuantos años tenía pero era pequeño, mi abuela paterna se había enfermado y yo estaba sentado con mi papá en la sala de espera esperando noticias, recuerdo el sonido de las ambulancias que llegaban a toda prisa, los para-médicos bajaban las camillas e ingresaban corriendo hasta perderse de vista dentro de los pasillos llenos de puertas, siempre hay gente llorando, siempre hay caras tristes, desesperanza, muerte.

Recuerdo muy bien la última vez que visite una, curiosamente, era ahora mi abuela materna quien se encontraba luchando por su vida dentro, yo ya no era pequeño, era más bien muy adulto, ya estaba casado y mi hijo era muy pequeño, era un domingo de mayo, un día caluroso, el sol brillaba con fuerza y la gente buscaba refugio del calor abrazador.

Me llamaron para decirme que mi abuela estaba grave en el hospital, la acababan de ingresar pero ya estaba agonizando, así que decidí ir a verla, no creí que sería la última vez que la vería.

Fue una visita corta dado el estado de mi abuela, ya estaba cansada, había tenido una vida larga pero no tan feliz, mi abuelo no fue precisamente un buen esposo, ya había perdido a 2 de sus hijos y tenía varias décadas luchando contra el diabetes, aunque la amábamos y todos quisiéramos que nuestras abuelas vivieran por siempre, por dentro yo sabía que ya era hora de que partiera a descansar, la vi acostada en la cama, un enfermero intentaba medir sus signos vitales pero estos eran tan débiles que los aparatos simplemente no podían medirlos, al final el enfermero se rindió y se fue, tomé a mi abuela de la mano y le acaricié la frente apartando el cabello de ella, me reconoció y las palabras que me dijo siempre las recordaré por la gracia que me causaron: «Tráeme una cerveza hijo, y otra para el doctor».

Salí a la entrada a tomar un poco de aíre, vi como llegaba una ambulancia, los uniformados bajaron la camilla y entraron a toda prisa a los pocos minutos un grupo de gente se reunió a mi costado, comprendí que venían acompañando a quien quiera que entró (posiblemente a encontrar su muerte) en esa camilla, no pude ver si era un hombre o una mujer, joven o viejo.

Varios de ellos estaban llorando, mi curiosidad me ganó y voltee para ver un poco más, en mi mente se quedó grabada aquella escena, sobre todo una chica, era quien lloraba con más sentimiento y desesperación, y yo que siempre he sido muy empático ante el dolor de las personas, no pude evitar sentir pena por ellos, no pude evitar ponerme triste, nunca he soportado ver a alguien llorar o sufrir, hasta he llorado solo de ver derramar lagrimas a mis amigos o gente cercana, y ahora junto a aquellos desconocidos sentí un nudo en la garganta.

Alguien de ellos dijo: «no podemos hacer más que rezar, vengan vamos a rezar»; todos se tomaron de las manos y formaron un pequeño circulo, comenzaron a rezar entre sollozos y llanto, aquella escena digna de una película de drama me conmovió, «padre nuestro que estas en el cielo», los escuche decir a todos en voz alta, la chica seguía llorando, creo que no hay un sentimiento más cruel que la incertidumbre, se presenta de muchas formas pero siempre produce el mismo desastre en la mente de quien toca, el no saber que está pasando o que va a pasar, ese sentimiento que siempre viene acompañado de la ansiedad, es devastador, y el rostro de esa chica lo dibujaba, «líbranos de todo mal», es curioso como los humanos siempre buscamos algo que nos dé esperanza, inventamos un dios para autoconvencernos de que —él nos ayudará—, de que todo estará bien y que aún hay una esperanza, yo sabía que no era así, yo sabía que ningún dios los ayudaría, me fui del hospital, jamás supe si esa persona por quién rezaban salió con vida, espero que si, mi abuela no, mi abuela ahora descansa (si es que hay algo más allá) en otra vida.

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Ko-fi
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