Relatos · Zaulet

La cueva

Portada de La cueva

Desde hacia años quería entrar a esa cueva, me parecía tan misteriosa a la vez que espeluznante, desde que me platicaron su leyenda unos cuantos años atrás no me la podía quitar de mi mente, quería entrar, explorarla y ver que había dentro, pero sobre todo ver si la leyenda era cierta.

Ese día salí de mi casa, ya no recuerdo que día era solo recuerdo que fue en días de clases pues lo hice regresando de la escuela, tenía unos 15 años tal vez, después de comer me salí, le dije a mi madre que regresaba pronto y fijé rumbo hacia lo que llamábamos «la barranca».

El rio Lerma enorme y majestuoso había formado una especie de pequeño acantilado en esa parte de mi pueblo, la cueva estaba en un barranco antes de llegar al río siguiendo un camino que se encontraba bien marcado por el uso continuo, la gente solía ir ahí a caminar o correr.

Era un paisaje salvaje tapizado de arboles, arbustos, plantas y hierbas, la mano del hombre apenas se notaba en algunos caminos trazados y unos muros de piedra que se veían a un costado del camino que llevaba a la cueva, esos muros de piedra eran parte de un canal por donde antaño se llevaba agua del río a no sé donde, ahora estaba seco, lleno de hierbas secas y basura.

Caminé un buen rato y a lo lejos podía ver el río atravesando y perdiéndose en el horizonte, parecía que no tenía principio ni fin, el agua reflejaba el cielo como un espejo y podían verse a las aves volar sobre aquella vena de la tierra, era un paisaje hermoso y siempre disfrutaba mucho de aquella vista digna de ser grabada en un retrato.

Ya conocía muy bien el camino así que sabía donde debía salirme para subir a la cueva, en una curva del camino había un enorme árbol, el árbol se veía viejo y tenebroso, era muy alto, cuando mirabas desde bajo las hojas y hacia arriba siguiendo el tronco, las ramas se iban oscureciendo cuanto más al centro y arriba miraras, ahí no llegaban los rayos del sol, era una imagen que daba escalofríos pues te podías imaginar que bichos raros podían vivir ahí, en esas hojas llenas de telaraña y polvo.

—Ahí de seguro hay arañas enormes —pensé en voz alta.

Ese árbol era la señal para salirse del camino y subir el barranco, barranco que estaba lleno de arboles cual bosque, aunque entraba la luz del sol se veía medio oscuro por todas las sombras de los arboles, al comenzar a subir y adentrarme un poco se perdía de vista el camino, todo se veía diferente parecía como si de repente te hubieras transportado a otro sitio.

Subí como pude agarrándome de troncos, ramas y piedras, en algunas partes el camino estaba tan empinado que tenía que sujetarme fuerte de algo o subir casi a gatas para no caer, y por fin en un sitio que estaba lleno de rocas enormes, algunas incluso más altas que yo, estaba la entrada a la cueva.

No sé como describir la entrada, parecía de película, no era la primera vez que estaba ahí y sin embargo me seguía impresionando, 2 rocas enormes que salían del suelo formaban una especie de arco no muy alto, la entrada no era hacía el frente sino que comenzaba a nivel del suelo y se iba inclinando adentro y hacía abajo, una vez dentro estaba oscuro, solo se veían más piedras, era como una cámara donde apenas si cabían 2 o 3 personas apretadas, a unos cuantos metros de la entrada se veía en el suelo una bajada casi vertical, la cueva seguía su camino hacía abajo, respiré hondo y seguí avanzando.

La primer bajada no era muy alta solo que al caer el camino que ahora seguía recto hacia el frente era angosto y no muy alto, en algunas partes tenía que agacharme y en otras tenía que ir de rodillas para poder avanzar, en una de esas ocasiones que tuve que andar a gatas sentí que mi rodilla posó sobre algo liquido, pegajoso, con la consistencia de pegamento blanco, liquido pero espeso, alumbre con mi linterna para ver que era y lo supe de inmediato, eran heces de murciélago, las manchas nunca se le quitaron a mi pantalón, aún con los años y cientos de lavadas nunca se fueron, siempre estuvieron ahí para recordarme ese día.

Ese día… recuerdo que en ocasiones anteriores había ido a esa cueva con mis amigos pero nunca nos habíamos atrevido a entrar, ese día sin embargo entré solo, no sabía que es lo que iba a encontrar, no sé que es lo que estaba buscando, creo que solo quería escapar del mundo, tal vez quería encontrar una salida, pasaba momentos difíciles. 

Seguí caminando y aluzando con mi linterna, nunca había sentido tanto silencio, no se escuchaba nada, solo mis movimientos y mi propia respiración que comenzaba a agitarse, el lugar se había vuelto muy frío y el olor no lo puedo describir, una mezcla de humedad, suciedad y algo más, tal vez así huelen las entrañas de la tierra. ¡Prrrntac! A lo lejos, no pude distinguir si adelante o atrás de mi algo golpeó quizá una pared. ¡pon, pon, tras!, más golpes, para este punto ya estaba paralizado del miedo.

Mi respiración se aceleró, el pánico se apoderó de mi, un nudo en la garganta de puro miedo se dejó sentir, me quedé quieto, muy quieto, y tal vez solo pasaron unos pocos segundos o minutos pero a mi me parecieron horas, el silencio era abrumador, ya no se escuchaba nada pero no sabía si seguir o regresar y justo estaba decidiendo eso cuando la sentí, una mano fría toco mi hombro por detrás y luego desapareció, ahora solo había un camino y era hacia el frente.

No estoy seguro si grité pero si sé que salí despavorido de ahí, no podía correr pues iba a gatas, ya ni si quiera me fijé si el techo se encontraba a la misma altura, gateé, brinqué, me arrastré y conforme seguía me iba lastimando en las piedras, primero una rodilla, luego me golpeé una mano, mi cabeza chocó con una piedra, no me importó el dolor, seguí como pude por un rato y entonces otra vez ¡Tas, tas! algo golpeó la pared no muy lejos de mí.

Llegué a un lugar donde parecía que no había camino, volteé a todos lados y solo veía paredes, me recargué en una de ellas y entonces… ¡Pss ssst tsst ssts ess tessr! En mi oído y muy claro escuché un susurro, algo me habló al oído pero no se entendía lo que decía, como si me dijeran algo en voz baja… ¡Ssrsh ssst tsst ssts shsh ssesr! Otra vez pero ahora en mi otro oído, no lo pensé 2 veces y como pude tomé el camino de regreso, quería salir de la cueva.

Iba a toda prisa lastimándome con las piedras otra vez cuando algo me agarro el tobillo y me hizo caer, me volví a golpear en una piedra y mis lentes cayeron junto con la linterna, busque a tientas sobre el suelo y encontré mis lentes, me los puse pero no veía la linterna, la luz se había apagado quizá con la caída, busqué pero nada. ¡Ssrsh ssst tsst ssts shsh ssesr! Otra vez me susurraron al oído, eché a correr de nuevo dejando la linterna ahí, no veía casi nada, aún no se como pude salir, vi la luz al final del túnel, apreté más el paso, subí a la cámara y salí de la cueva, apenas hube pisado afuera eché a llorar.

Pero no me podía quedar allí, bajé hasta el camino y en cuanto lo tomé para regresar a casa lo vi, era alto, su ropa parecía vieja y gastada, tenía una sonrisa casi macabra, reía como si supiera lo que me acababa de ocurrir.

—¡Buenas tardes! —me dijo.
—Buenas tardes —respondí dudoso.

Tomé mi camino y lo dejé atrás, seguí varios metros hacia adelante, no sé por que lo hice, tal vez por instinto, tal vez por curiosidad, tal vez por que en el fondo lo sabía, me detuve y volteé, ya no estaba, el camino se extendía más allá pero no se veía nadie… ¡Ssrsh sshss tsstsh ssts shsh ssesr!… algo susurró en mi oído...

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Ko-fi
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