Relatos · Zaulet

Brujería

Portada de Brujería

—¡Te están haciendo brujería! —me dijo el vidente o brujo o lo que fuera la persona que tenía frente mío y no le quise creer.
—No lo creo, solo ha sido un poco de mala suerte y tal vez algunas coincidencias —le comenté.
—Mira, si yo fuera tu me haría la limpia que te estoy ofreciendo ¡Son solo $500!
Lo que él no sabía era que en ese momento no tenía ni si quiera $20, estaba atravesando por un mal momento, me había dejado mi novia, acababa de perder mi trabajo, ya no me quedaba dinero en mi cuenta del banco y hacía semanas que me sentía mal de salud, débil y sin energías.
—No gracias, será para otra ocasión.
—Como usted quiera, yo solo le advierto, las cosas empeorarán, pueden acabar con su vida, le han hecho una brujería muy oscura y poderosa.
—De verdad, muchas gracias me tengo que ir —y me fui.

Llegué a mi casa hambriento, deseando comer algo abrí el refrigerador y me di cuenta de que estaba casi completamente vacío, salvo por unas verduras en el fondo, olvidadas, marchitas y llenas de moho, no había nada más.

Encendí la TV resignado a no probar alimentos por esa tarde, no había señal, me habían cortado la suscripción por no pagar, suspiré y arrojé el control remoto con fuerza hacia el otro sillón, entonces algo llamó mi atención, levanté el cojín y cual nido de cucarachas emergieron decenas y decenas de insectos pequeños, bichos raros que no pude identificar, pequeños, como escarabajos diminutos, oscuros y brillantes. Fui por el raid y di una buena roseada.

Estaba por dejar la lata de insecticida en su lugar cuando la vi pasar, una sombra amorfa, rápida, en menos de 1 segundo atravesó el pasillo que podía ver a mi costado, me asusté. Dejé el raid y quise volver a la sala donde se encontraba la TV pero resbalé con algo en el suelo, era oscuro, viscoso y fétido. ¿De donde salió eso? —Pensé—. Moví la vista a mi alrededor pero no vi nada, miré al techo y en el lugar donde apenas ayer podría jurar que no había nada estaba una fisura, se veía sucia y alguna especie de masilla negra rellenaba el hueco (como cochambre acumulado por años, salvo que eso tenía como máximo un día), de ella goteaba aquel liquido oscuro y nauseabundo que había en el suelo.

No quise subir a la azotea a ver si veía algo, en su lugar y dado el susto que acababa de pasar decidí salir a caminar. No quería estar en mi casa por un rato y tal vez hasta podría conseguir algo de comer —pensé.

Camine un par de calles hacia el sur de mi casa y llegue hasta el puesto de Don Armando, él vendía frituras y botanas para los niños y a uno que otro adulto antojado.
—Don Armando deme una bolsa de duritos. —en México los duritos son una botana hecha de una harina de maíz color naranja freída en  aceite y puede tener diferentes formas.

Don Armando comenzó a preparar mi pedido cuando de la nada, sin avisar, no se de donde, apareció un auto y me arrolló. Recuerdo ver todo girar, sentía que estaba flotando y parecía que el tiempo se había ralentizado, escuché mi propia cabeza golpear contra el asfalto cuando caí, como un eco sordo, como un sonido lejano, aunque estaba consciente ya no me pude levantar.

 Rápidamente llamaron una ambulancia la cual no tardo en llegar, según el registro tardó solo 5 minutos aunque a mi me parecieron horas. Me subieron a una camilla  con cuidado y me dijeron que estaría bien…

La ambulancia arrancó a toda velocidad y mientras me encontraba inmóvil en la camilla viendo el bote de suero que ahora estaba conectado a mi brazo, muchos pensamientos invadieron mi mente, el primero y más constante de ellos fue lo que me dijeron ese mismo día solo unas cuantas horas antes, ¡Te están haciendo brujería!.
Solo son coincidencias (pensé dentro de mi). ¿Quien querría hacerme daño? ¿Quien se tomaría la molestia de ir donde un brujo y pagar por que me hicieran no se que cosa? No entendía eso de la brujería, no entendía quien podría hacerme algo así. No tengo enemigos.

La sirena sonaba aturdidora, jamás había estado dentro de una ambulancia y nunca creí que la primera vez que me subiera a una sería como paciente y no como acompañante, las luces azul y roja se reflejaban por la ventana que tenía a mis pies, mi boca estaba seca y un nudo en mi garganta se había formado, tenía ganas de llorar, supongo que estaba apunto de hacerlo cuando una chica que iba junto al conductor gritó:
¡¡¡Cuidado!!!

No vi nada, solo sentí el golpe, la ambulancia salió rodando varios metros, un enorme camión acababa de embestirnos…


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Ko-fi
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